Wednesday, October 13, 2010

Una de mis novelas Blue esta disponible en espanol: AZUL

AZUL
Prologo
Las manos de Paul acarician mis senos. Mis pezones, ya erectos, esperan su tacto. Estoy arrodillada en la cama, mientras él me abraza desde atrás. Sus manos se mueven, expertas, sobre mi cuerpo, y yo respondo, como él sabe que hare. Siento el calor de su cuerpo y me inclino hacia él. El toca mi cuerpo como si fuera un instrumento de música. Siento sus labios en mi cuello, su aliento en mis oídos. Esta caliente; caliente y peligroso.
Su erección, parada, a lo largo de la raja de mis nalgas, pero no busca entrar; todavía no. Abro mis ojos y veo la pared desnuda, blanca y sin adornos. Su gusto en la decoración es minimalista, casi Zen. Descanso mi cabeza en sus hombros. Me abraza más fuerte, me dejo caer sobre él. Mi respiración es más rápida, mientras my excitación, mi necesidad me abruma. Y todavía no me ha tocado el coño.
Giro la cabeza, deseo besarlo y él lo permite. Toco su cara con mi mejilla, la corta sombra de su barba rasca mi piel sensible. Deseo, a veces, que se afeitara antes de acostarse, en vez de por la mañana. Trato de girar, para verlo de frente, pero no lo permite. Aun no; no hasta que esté listo.
Continua acariciando mis tetas, my vientre, firme y suave, pero no me toca allí, por mucho que lo deseo, que lo necesito. Noto mi humedad filtrándose; puedo oler mi ardor, almizcle, húmedo, profundo. ¿Puede el? Tiene que notarlo, pero no dice nada. Una de sus manos vaga a mi pezón, apretándolo, pellizcando el tejido suave de la areola. Aprieto mis piernas, duro; necesito su mano ahí, necesito algo ahí.
Suavemente me empuja hacia delante, en cuatro patas. Abro mis piernas y empujo mi culo hacia él. Mi espalda, cubierta por mi sudor, mezclado con el suyo, nota el frio en el aire acondicionado de la habitación. Espero su placer, my culo temblando. ¿Tomara mi coño, como necesito tan violentamente, o tomara mi culo, como hace tan a menudo? No necesita preguntar. El sabe que puede tomar lo que quiera. Soy tan totalmente suya. Su pene me toca los labios; prácticamente aguanto la respiración ansiosa. Me penetra. Exhalo cuando entra en mí; el largo de su pene, probando, empujando con violencia, mientras mis tripas aprietan y siento el primer espasmo de mi orgasmo. Me corro, fuertemente, y él lo siente. Los músculos de mi pelvis lo estrujan, no dejándolo salir. Parece durar un largo tiempo, pero deben haber sido solo unos segundos.
Todavía esta rígido; no se ha corrido. Todavía está dentro de mí, y se inclina hacia atrás, arrastrándome con él. Yace en la cama, sobre su espalda, yo sentada sobre él, su polla profundamente clavada dentro de mi; mis piernas abiertas mientras yo estoy sentada, de rodillas sobre su pelvis. Me mezo, hacia atrás y adelante, notándole dentro de mí. Estoy volando al borde del siguiente orgasmo, casi lista para él. “Hummm” es todo lo que digo, perdida en el éctasis de mis sensaciones. El mundo, centrado, reducido al pequeño volumen de una pelvis con un pene dentro.
Sus manos están sobre mis caderas, pero no se mueve. Está satisfecho con notar mi balanceo en su polla. Acaricia mis nalgas y las separa. Le gusta ver mi culo, le gusta verme desnuda, y la luz que entra en la habitación es suficiente para darle una buena imagen. Noto su polla, aun más dura dentro de mí, empujando el cuello del útero. Eso es lo que necesitaba y me voy en un segundo orgasmo explosivo. Me muevo, arriba y abajo, adelante y atrás, descontrolada, llevada solo por mi necesidad. Grito suavemente, casi un gemido. Oigo el húmedo sonido de su polla, chapoteando en mi mojado agujero. Me vuelve y ahora, panza arriba, puedo ver su cara, sus ojos, profundos y penetrantes, y la línea de su mandíbula, fuerte, imperiosa. Me penetra de frente esta vez. Lo envuelvo con mis piernas. Ahora se mueve, lenta, pensativamente.
Me empiezo a preocupar. Cuando hace algo así, cuando me da una serie de orgasmos de esta forma, como un regalo, es siempre un preludio. Un preludio al siguiente paso en nuestra relación. Un paso que yo no voy a querer dar, un paso que no me va a gustar, un paso que dolerá. Pero su polla casi esta fuera de mi, casi, pero no del todo, y regresa, profunda, y con ella, una ola, una ola de sangre, de jugo, una tsunami de necesidad. Mi coño lo agarra, aunque yo no lo quiera, aunque tema lo que pasara después. Mi cuerpo, como siempre, me traiciona. Empujo contra él, para traerle más adentro de mi cueva. Desearía tenerlo a él entero, dentro de mí, en este momento. Me corro una vez más, y finalmente, también él.
No deja de moverse, dentro de mí, su miembro semi duro. Veo abrirse su boca. Aquí viene:
“El viernes por la tarde, a las siete, iras a visitar unos amigos míos. Hare que la limusina te recoga.”
Hoy es miércoles. “¿Tu no vienes?” le pregunto.
“Me marcho de viaje mañana,” me responde, “tú te irás con ellos.
Sé que no debo discutir. Soy libre, libre como una pluma, libre para marcharme en cualquier momento. He follado con otros hombres, cuando Paul me lo ha mandado, cuando quiso verme, retorciéndome bajo los empujones de otro, o complaciendo a otro hombre, su polla clavada profundamente en mi garganta, pero el siempre estaba allí para verlo, para complacerse con la imagen de su chica tomada, humillada por otro, u otros. Sera distinto esta vez.
“¿Cuánto tiempo estaré allí?” pregunto, aunque sé que es fútil.
“No te importa,” contesta, “saldrás de la casa a las seis treinta, precisamente, y entraras en la limusina que te estará esperando.” Noto su polla endureciéndose otra vez dentro de mí.
“Llevaras tu gabardina blanca y las sandalias de tirilla, de tacón. Nada más, excepto tu maquillaje. ¿Esta claro?”
“Si Paul.”
“Y no digas una palabra, salvo que te lo pidan, que probablemente no harán.”
“Si Paul.”
“Puedes gritar, si lo necesitas… Definitivamente lo harás.”
Esta completamente rígido y follándome otra vez. No puedo contener las lágrimas. No quiero que las vea, pero me está mirando, con los ojos bien abiertos mientras me folla. Esta vez busca su propio placer. Yo ya tuve el mío, ahora quiere el suyo. Estoy al borde del llanto.
“Paul, antes de que te vayas, ¿Puedes darme por el culo una vez más?,” le pido.
Se detiene y la saca. “Como desees,” me dice.
Me pongo a cuatro patas. Esta es su posición favorita para joderme por el culo. No me gusta que me sodomice el culo, siempre me duele mucho. No me gusta, ni así, ni de frente, pero me duele más de esta forma. Me inclino hacia delante, para descansar mi cara en la almohada, pero me detiene.
“Puedes usar lubricante,” me dice.
Tengo que abrir el cajón en mi mesilla de noche y coger la gelatina. Se la ofrezco pero no la toma.
“Póntela tu misma,” me dice.
Mi humillación es, naturalmente, más completa de esta forma. A menudo me lubrica el mismo, pero no cuando quiere castigarme, o hacerme daño. En ese caso tengo que prepararme yo misma. Y eso es lo que hago. A cuatro patas, unto la jalea alrededor de mi ano, e incluso adentro, con mi dedo. Siento el esfínter, tenso, y apretándose más. Cuando me he untado bien, empujo la punta del tubo dentro de mi culo y lo aprieto. Noto la jalea fría dentro de mí. Dejo el tubo en la mesilla y resumo mi posición, a cuatro patas. Me inclino hacia delante, reposo mi cara en la almohada y, con las manos sujeto mis nalgas. Separo los dos globos dándole fácil acceso a mí, ya lubricado, agujero.
“Tu chica esta lista para ti.”
El viene; siento la punta de su polla, empujando mi culo. Noto la resistencia y trato de forzar a mi culo a soltarse, como puedo hacer a menudo, pero no hoy. Hoy quiere resistírsele. Quiere que duela. Y me doy cuenta de que yo, también, necesito que duela. El empuja más y más fuerte. Mis lagrimas, ocultas a él, ahora pueden venir libremente y mojar el almohadón. No digo nada mientras gruñe y empuja más fuerte. Mantengo las nalgas bien abiertas y empujo contra él. Un empujón más y la cabeza entró. Gimoteo por el dolor, siento, otra vez, como si me desgarrase. El entra ahora en su reino, su polla más y más profundamente clavada en mis tripas. El dolor es más profundo ahora; no solo mi esfínter dilatado, sino un dolor profundo. El empuja más adentro y yo lo siento, profundamente, hiriéndome en las tripas. Noto su pubis golpeando el hueso de mi cola, esta todo adentro ahora. Sujeta mi cintura y empieza a moverse y yo con él, uniéndome a su ritmo.
Se corre; se derrama en mi recto con un gruñido de placer. Da algunos empujones más, para asegurarse de que se vació por completo en mí, y se retira. Sin esperar órdenes me volteo y lo tomo en mi boca. Lo limpio con mi boca y lengua. Hoy esto es solo simbólico, ya que me puse un enema antes de acostarme. A menudo lo hago dado que gusta de joderme por el culo, pero el simbolismo permanece. Me aseguro que su pene este limpio antes de soltarlo. Me besa con ternura y caemos en la cama, sus brazos a mi alrededor, su pecho contra mi espalda.
Pronto, está dormido. Noto su respiración profunda y pareja contra mí. Permanezco despierta. ¿Qué pasara el viernes? ¿Cuánto tiempo estaré allí? ¿Cómo me metí en esto?
Ni una sola vez pienso en rehusarle. No, no le rehusare, no puedo; no puedo rehusarle nada

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