Tuesday, January 29, 2013

Amazon.com, in its wisdom has decided to remove "The Ring" from its site due to objectionable content.
It is still available from A1 and B&N, so if you want it, get it before censorship does away with it.

The Spanish translation, "El Circulo" will also not be available from Amazon, but is available from Barnes and Noble.

Go figure.

Sunday, January 20, 2013

Próximamente, mis novelas aparecerán en Barnes and Noble.com. La primera es 'Buscando a un dueno, las doce labores de Andromeda"
Para aquellos lectores a quienes Amazon no les guste, o los que tengan un Nook, ahora podran leer estas obras comodamente.

Thursday, January 17, 2013

Hoy, 17 de enero, envié "El Circulo" a amazon.
Espero que aparezca a la venta en uno o dos días.

Aqui esta el primer capitulo y la portada. (Se calienta mas, mas adelante)
A que es guapa?






Capitulo 1.
El Agente.



Tribeca: Barrio en el sureste de Manhattan, Nueva York.
Asahi Shimbun: Importante periódico Japonés.
NHK: Canal de televisión japonés por cable, equivalente a TVE internacional.
Martini: No se trata del vermut del mismo nombre sino de un coctel con tres partes de ginebra o vodka y unas gotas de vermut seco, servido con una aceituna o una piel de limón.
Langley: Ciudad de Virginia donde está la sede de la CIA.

“Allahu Akbar,” Gritó en árabe el terrorista bajo su turbante agitando un gran cuchillo.

En el suelo, de rodillas, un hombre americano miraba a la cámara. Parecía sereno aunque tenía que saber que estaba a punto de morir. Sus manos estaban atadas a su espalda. Enfocó los ojos en la cámara y sus labios se abrieron para hablar pero de ellos no surgió ningún sonido.

Mientras el islamista exaltado continuaba gritando locuras ininteligibles, su victima no emitió sonido alguno pero sus labios enunciaron con cuidado las palabras, sus últimas palabras, el mensaje que deseaba enviar al mundo:

“Miyu, te amo.”

El cuchillo se deslizó a través de la garganta del americano, enganchando la piel aquí y allá; no estaba muy afilado. Una flor de sangre escarlata brotó del cuello del americano, transformándose en espuma roja cuando la hoja penetró en su tráquea. En una erupción de sangre carmesí y espuma escarlata, él cayó hacia delante, hacia la cámara. La sangre brotando palpitante de las dos cercenadas arterias en su cuello bañó la lente de la cámara con una película roja.

La imagen pasa a negro.

En el otro lado del mundo, en un minúsculo apartamento en la ciudad de Nueva York, una joven de unos 25 años de edad, arrodillada en una cama, doblada sobre si misma en posición fetal, lloraba con amargura. Su puño, incrustado en su boca intenta, tal vez, atajar sus sollozos.

En el monitor del ordenador, el reproductor de media indicaba el final del video-clip. 

Hacia ya tres meses desde que Miyu viera el video-clip por vez primera. Lo había oído mencionar en el trabajo y lo bajó de una página web de Al-Qaida. Lo miraba todas las noches.

Se habrían casado en el otoño.

Cada mañana Miyu Montoya se esforzaba por salir de la cama. Aturdida preparaba el café y tenia que tragarse dos jarras antes de poder meterse en la ducha. Le haría falta un tercer jarro para poder enfrentarse al mundo fuera de su puerta.

Su pequeño apartamento, en Tribeca, estaba cerca de su trabajo.

En una oficina mugrienta, en el tercer piso de una antigua planta de empacado de carne reformada, se hallaba el buró de Japón de la Agencia Central de Inteligencia en Nueva York. El presupuesto del buró de Japón no daba ni para un armario en la oficina principal en la sexta avenida. El número total de empleados era tres incluyendo a Miyu. Ella, siendo la mas novata, era la asistente general, recogiendo archivos y noticias, imprimiendo y editando informes semanales que nadie jamás leería. Puede que hubiera un destino mas aburrido que la oficina de Japón, pero nadie sabia cual seria; hasta la oficina del Vaticano era mas interesante; después de todo, el Vaticano tenia un servicio de inteligencia muy eficaz que a veces averiguaba las cosas antes que la Agencia o el Mossad.

“Tal vez debería haber estudiado Latín,” se dijo Miyu caminando hacia el trabajo.

Las transmisiones en clave del servicio de inteligencia Vaticano estaban en latín. Tras descifrar el código, había que traducirlas al inglés. A veces estaban escritas en griego ático o incluso en arameo.

Aparte de sus tareas baldías en la oficina, era parte de su trabajo leer el Asahi Shimbun todos los días y ver el telediario del canal NHK en su casa, por si aparecía en ellos algo de interés para la Agencia. Nunca sucedía.

Iba con retraso, como era habitual desde que se enteró de la muerte de su prometido, y no le importaba. Desde que George murió, desde que le vio morir bajo el cuchillo, no podía levantarse por la mañana. Incluso las tres tazas de café apenas bastaban para sacarle de la casa. Solo el recuerdo de las palabras de su padre, Ramón Montoya la mantenía en pie: Cuando estas destruida, lo más difícil, y lo único que hay que hacer, es poner un pie delante del otro.

Eso es lo que hacia, apenas; poner un pie delante del otro, y luego hacerlo otra vez. Así llegaba al trabajo, pero no puntualmente. Recordó que el comisario asistente y otras hierbas para Asia visitaba el buró esta semana y todo el mundo aparentaba estar ocupado. El presupuesto de la Agencia estaba, como siempre, apretado y nadie quería que cortaran su trabajo. A Miyu le importaba un bledo.

Se sentó en su escritorio; sus compañeros la dejaban a su aire después de lo que le pasó a George. La habían ayudado durante algún tiempo, pero tenían sus propias vidas y si ella continuaba desconsolada, bueno, pues le daban espacio. Eso era lo mejor que cabía esperar.

Sobre el escritorio metálico suministrado por el gobierno, bajo el teclado de su ordenador, había un sobre sellado con su nombre escrito a mano en letra cursiva.

Dentro del sobre, una sencilla nota, escrita a lápiz:

Encuéntrese conmigo en el “Avenue Café” para almorzar a las 13:00. No informe a nadie de esta cita y traiga la nota y el sobre. Es importante.

Firmada Yong Thornton, Comisionado Asistente al Jefe de Asia.

Guardó la carta en su bolso y encendió el ordenador.

El Avenue Café estaba suficientemente cerca para ir andando desde la oficina; era un café bar mugriento. Era improbable que alguien del trabajo fuese a almorzar allí. Tenía unas mesitas en la acera. Pese a ser un frio día de marzo, algunas estaban ocupadas. Era uno de los pocos sitios donde se podía fumar. Miyu reconoció al comisionado asistente de inmediato. Era el único afuera que no fumaba. Se sentó enfrente de él. En la mesa reposaba un solitario Martini.

“Comisionado Asistente Thornton, me imagino.”

“Señorita Montoya; es un placer conocerla.”

Una vez acabadas las cortesías, pasó directamente al negocio.

“Se preguntara porqué gestioné esta reunión.”

Miyu asintió ligeramente.

“¿Qué sabe usted de la esclavitud sexual, Señorita Montoya?” preguntó Thornton.

“Lo que todo el mundo sabe,” contestó ella, “Lo que el Daily News y el New York Post publican de vez en cuando. No sabía que la Agencia se interesara.”

“No lo estamos, no oficialmente.”

Un camarero amargado se les acercó.

“¿Qué va a tomar, Señorita Montoya?”

Pidió una Coca-Cola de dieta y una ensalada, él ordenó un sándwich de rosbif y otro Martini. Continuó la conversación en cuanto el camarero se alejó.

“Si algunos ciudadanos de terceros países entran en contratos de servidumbre para entrar en los Estados Unidos, o para ganar dinero para sus familias, esa no es realmente nuestra área de interés. Puede interesar a inmigración, o al FBI, cuando lleguen aquí, pero no es asunto nuestro.”

“Entonces no entiendo.”

“Al parecer hay mujeres que están siendo secuestradas o forzadas a participar en el mercado de esclavos sadomasoquista.”

Miyu sintió erizarse los pelos de la nuca, alarmada. Su corazón palpitaba en sus oídos con fuerza. ¿Qué sabia este hombre?

“Queremos infiltrar un agente en su red, aquí.”

Sonaban alarmas en su derredor. Tenia que saberlo.

“¿Por qué yo?” preguntó.

Thornton se reclinó en su silla, “¿Tiene la nota y el sobre?”

Aturdida, se los dio.

“Señorita Montoya: No hay ningún registro de está reunión, ni aquí en Nueva York, ni en Langley, ni en ningún otro sitio.”

“Hace tres meses, cuando George Straham murió,” la mención de su prometido brotó lagrimas en sus ojos, “me enviaron sus efectos personales para revisar.”

Sus hombros se desplomaron. Él lo sabía todo.

“Antes de enviárselos a su pariente mas próximo, tenia que asegurarme que no hubiera… digamos que riesgos de inteligencia,” le dio un sorbo a su Martini.

“El señor Stratham era muy cuidadoso y no había nada que objetar en sus efectos; sin embargo había un archivo cifrado en su portátil. No con un código de la Agencia; algo distinto.”

Miyu asintió con la cabeza; veía a donde iba a parar esto.

“En cualquier caso, antes de entregar el portátil a la familia, hice que nuestros técnicos rompieran la clave. Los archivos no tenían mm… interés de inteligencia; los borré.”

Guardó una copia, pensó Miyu.

Thornton saco de su bolsillo un traveler y lo puso en la mesa delante de Miyu.

“Las copié en éste traveler; pensé que querría conservarlas.”

Ella tomo el traveler.

“No existen mas copias señorita Montoya,” parecía sincero.

“Señorita Montoya,” dijo, “si no acepta esta misión, nadie lo sabrá, su expediente no lo reflejara, no puede tener ningún efecto negativo en su carrera.”

Tomó el sobre con la nota dentro y, con un encendedor, le prendió fuego. Colocó el papel ardiente en el cenicero observando como las llamas lo consumían.

“Esta reunión nunca ocurrió y yo… no estoy aquí.”

“Comprendo,” dijo Miyu. “Quiere que infiltre la red y obtenga pruebas para que puedan arrestar a los cabecillas.”

Thornton negó con la cabeza, “Cualquier evidencia que obtuviese seria inadmisible en un tribunal; no se nos permite hacer investigaciones en territorio americano. No. Quiero que infiltre la red, averigüe lo que pueda y que nos lleve a los cabecillas, en el extranjero. Lo que hagamos después, esta por ver.”

“Ya.”

“Una advertencia señorita Montoya; no se supone que endosemos esta clase de investigación, estoy seguro que me entiende. Si algo le sucediese, si fuera descubierta, capturada o asesinada, negaríamos saber nada de sus acciones.”

“Comprendo.”

“Si tiene éxito, bueno, podrá usted escoger su destino en la Agencia.”

De repente Miyu sintió como si le quitaran un peso de los hombros. Su vida, de nuevo tenia un propósito.

“Lo haré.”

Thornton le alcanzó un sobre de papel de estraza, “Esto es lo que sabemos. Regrese a su trabajo y limpie su escritorio. Yo llamaré a su supervisor y le informare de su… reasignación.”

Tras un momento de duda Thornton preguntó, “Señorita Montoya: ¿Tiene usted pistola?”

Miyu se rio entre dientes; ella era neoyorquina después de todo, la ciudad mas anti armas de los Estados Unidos, “No, por supuesto que no.”

Thornton asintió, “Le suministraremos una.”

Ahora si rio a carcajadas, “Señor Thornton, en una investigación como esta, ¿Dónde cree que puedo llevar la pistola?”

Era refrescante ver como se sonrojaba.



 

Wednesday, January 16, 2013

La traducción al español de "The Ring" o sea "El Circulo" saldrá a la venta la próxima semana o la siguiente a mas tardar. Se trata de una novela de misterio y espionaje con, por supuesto, sexo, morbo y SM hasta hartarse.
Mas tarde colgare un capitulo para afilar los dientes.